LOCALES
19 de septiembre de 2024
TIENE 38 AÑOS DE EDAD

Vive sola en El Impenetrable: quién es Gloria Cisneros, la maestra candidata a ser la mejor docente del mundo
Da clases en una escuela rural en un paraje del monte. Su historia de vida está marcada por la resiliencia y la superación. En el mes de la educación es una de las "caras" de la campaña con la que Fundación Varkey busca reconocer la tarea de los docentes del país
Vive sola en El Impenetrable: qui�n es Gloria Cisneros, la maestra candidata a ser la mejor docente del mundo Da clases en una escuela rural en un paraje del monte. Su historia de vida est� marcada por la resiliencia y la superaci�n. En el mes de la educaci�n es una de las "caras" de la campa�a con la que Fundaci�n Varkey busca reconocer la tarea de los docentes del pa�s Se llama Gloria Cisneros. Naci� el 29 de junio de 1986, tiene 38 a�os. Este a�o festej� su cumplea�os en la escuela, rodeada por sus estudiantes, y a m�s de dos horas de distancia de su familia, separada por un camino de tierra que en los mapas figura como ruta provincial. Gloria es la maestra de la escuela primaria 793 "Don Carlos Arnaldo Jaime" del paraje La Sara, en el Impenetrable chaque�o. De lunes a viernes duerme en la escuela. Se acuesta cuando cae el sol ?para evitar que le duela la soledad? y se despierta antes del amanecer. Hace ocho a�os, cuando lleg�, hab�a s�lo un chico que iba clases, pero, a fuerza de insistir y visitar y convencer a las familias, consigui� que fueran cada vez m�s. "Ahora tengo once ni�os", dice. Los chicos comparten un aula plurigrado y cuando hablan de ella le dicen "maestra". No se�orita, no Gloria: "maestra". Lo dicen con afecto, con respeto. Lo dicen con admiraci�n. Las clases comienzan a las 7.45 y terminan cinco horas despu�s, pero Gloria arm� un contraturno donde recibe a chicos de 3 a 5 a�os que asisten como "oyentes" para aprender a leer y escribir. La escuela tiene luz gracias un panel solar y una antena de internet que le permite usar los contenidos educativos de Ticmas. Naci� en una familia de nueve. Gente del monte. Cada ma�ana, todav�a en el oscuro, el padre y los hijos varones se iban a hachar y la madre se iba a limpiar casas. Silvia, la hermana mayor, se ocupaba de cuidar al resto. Muchas noches lo �nico que hab�a para comer era una tortilla y mate cocido. Y si uno se enfermaba la mam� les daba t� de yuyos o les hac�a fricciones con grasa animal. Todos los recuerdos de aquellos a�os tienen para Gloria una p�tina de la �pica m�nima pero imprescindible que se sobrepone a una realidad quebradiza, endeble. �Taco Pozo es una ciudad peque�a que est� a casi 500 km de Resistencia, en el v�rtice de la provincia que linda con Salta y Santiago del Estero. Ah� empez� Gloria su vida escolar. "Ah� fui al jard�n y empec� a recitar poes�a", dice, y cuenta que su mam� fue quien advirti� que se hallaba en ella el deseo del estudio: por las noches le contaba Historia, le hablaba de los pr�ceres, de la identidad nacional. En el 92, cuando ten�a que empezar la primaria, el algod�n se convirti� en el oro blanco: los gringos buscaban labradores, y la familia empez� un periplo por la provincia siguiendo las cosechas. "Ten�amos la esperanza de comer un poco mejor", dice Gloria. Aquel a�o cerraron la casa en marzo y volvieron reci�n en octubre: ella perdi� todo primer grado. Por entonces, eran frecuente las discusiones entre los padres por el futuro de los hijos. Una dec�a que perd�an oportunidades y el otro dec�a que de nada serv�an las oportunidades si no pod�an alimentarse. Parec�a una realidad sin soluci�n, hasta que la madre fue a ver a los patrones y les pidi� que permitieran que sus hijos fueran en la escuela rural. Hasta ese momento, s�lo iban los hijos de los hacendados. Pero ella consigui� que tambi�n fueran los de los cosecheros. Gloria y sus hermanos, entonces, empezaban las clases en Taco Pozo, segu�an en las distintas las escuelas rurales durante la cosecha y terminaban de nuevo en Taco Pozo. "Nos consiguieron unas bicicletas", dice, "y hac�amos kil�metros por la ruta nacional hasta llegar al campo donde estaba la escuelita". Ahora, cada vez que sus ni�os le dicen maestra, ella recuerda a aquellos otros maestros, los suyos; los que la formaron, los que hicieron que pudiera so�ar con ir m�s all�. Gloria estudiaba de lunes a viernes y el fin de semana acompa�aba a los padres a la cosecha. "Me parec�a que era un juego", dice. Ten�a 8 a�os. Pero el a�o siguiente fue malo: llegaron las m�quinas. Fue un despertar de la ingenuidad dif�cil de sostener. Era junio; el clima ya anunciaba el fr�o. Ah� aparecieron las cosechadoras: brillantes, enormes. ?�Qu� bonitas son, mami! ?S�, hija, son muy lindas. Pero nos van a sacar el pan de la boca. "Y as� fue", dice, "ese fue el �ltimo a�o del algod�n". Antes de octubre ya estaban de regreso. El padre y los hermanos volvieron al monte y la familia se encontr� con las nuevas ?viejas? carencias. Gloria termin� la primaria en la Escuela 348 "Jos� Hern�ndez". Un a�o antes lo hab�a hecho su hermana Soledad. Las dos quer�an seguir estudiando, pero no sab�an c�mo. No ten�an la plata necesaria para pagar la inscripci�n: cinco pesos. Los padres pudieron afrontar el costo y ellas continuaron en el secundario. Fueron las �nicas dos de la familia. Eran a�os en los que hab�a que sobreponerse a la escasez: no ten�an ropa, no ten�an plata para libros, no ten�an materiales. "A veces el profesor nos ped�a que llev�ramos una fotocopia y yo me acercaba y le dec�a ?No tengo ni voy a tener?, y �l no me contestaba nada, pero al d�a siguiente, con mucha discreci�n, me daba las hojas". Los d�as que hab�a acto les preguntaba a sus amigas si le prestaban zapatos, si le tra�an una pollera. Despu�s del secundario empez� a cursar una tecnicatura en agroindustria, que debi� abandonar por la maldita situaci�n econ�mica. Y ah� nom�s qued� embarazada de Julia, su primera hija. "Yo ten�a 19 y el pap� 18?, dice, "y no ten�amos nada que ofrecerle a ese nuevo ser". Se fueron a trabajar al campo. All� estuvieron cuatro a�os, hasta que naci� Oscar. ?El beb� ten�a dos meses y tuvo un problema de salud; una enfermedad muy rara que, seg�n el m�dico, aparec�a una en un mill�n. La vida de mi hijo depend�a de segundos. Nos trasladaron en ambulancia a Resistencia y de ah� fuimos a Buenos Aires en helic�ptero. Oscar ten�a un principio de leucemia. Se salv� gracias a la hemoglobina que le dio la pediatra en Resistencia. Pasamos un mes en la internaci�n. En ese tiempo pens� en mi vida: en d�nde estaba, en todo el sacrificio que hab�a hecho mi familia para que, al final, yo no hubiera logrado nada, en esos dos ni�os m�os a los que no ten�a nada para darles. Con el alta de Oscar, Gloria volvi� al campo. Pero durante el tiempo en el hospital, su mam� la hab�a anotado en la carrera de magisterio: le rogaba que estudie, que era la oportunidad de cambiar la vida. La educaci�n como una salida posible. Gloria llevaba a Julia a la casa de la madre ?el pap� segu�a trabajando en el campo? y asist�a a clases con Oscar. Se esforzaba tanto o m�s que como lo hab�a hecho en los a�os anteriores. "No ten�a plata para comprar los m�dulos ni para sacar fotocopias, pero nunca faltaba a clases y prestaba mucha atenci�n. As� rend�a los parciales". Ese a�o aprob� las once materias. Todas en el primer llamado. "Mis profesores estaban sorprendidos; mis compa�eros empezaron a venir a casa para que yo los ayudara a prepararse". Se recibi� el 7 de octubre de 2013. Dos d�as despu�s estaba trabajando. Su primer trabajo fue dar clases a un segundo grado donde hab�a chicos con graves problemas de aprendizaje y comportamiento. Fue una experiencia traum�tica: los chicos la pateaban, la mord�an. Una vez le tiraron piedras con una honda; otra, la quisieron cortar con un vidrio roto. "Llegaba a mi casa llorando y con un estr�s insoportable, pero sent�a que al d�a siguiente ten�a que volver". Aquel grado ten�a una alt�sima rotaci�n de docentes, pero Gloria es una mujer que sabe c�mo resistir. Fue a visitar a las familias, quer�a interesarse por la historia de cada uno. Y se enter�: en esos chicos hab�a un dolor insostenible. Uno hab�a sido testigo de c�mo su pap� hab�a matado a la madre y luego se hab�a suicidado. Otra, una nena que se llamaba Sheila, cre�a que la mam� hab�a muerto de tristeza en el parto porque esperaba un var�n. Y otro era hijo de un hombre que le hab�a puesto un arma en la cabeza a la maestra anterior. C�mo seguir despu�s de eso. Gloria tuvo que desaprender lo que hab�a estudiado en el profesorado y volver a aprenderlo en el aula. "Les empec� a hablar, a leer y as�, de a poco, me los fui ganando", dice. Su tarea fue devolverles la dignidad a esos ni�os. A fin de a�o, cada chico termin� escribiendo un libro con su historia. Como esos h�roes an�nimos, Gloria continu� su camino. Cambi� de escuela y tuvo otros grados. Le hicieron propuestas que rechaz� porque nunca dej� un ciclo sin terminar: no pod�a aceptar que los chicos se quedaran sin maestra en medio del curso. Mientras tanto, la familia deb�a hacer frente a los cambios. Julia creci� r�pido y se hizo cargo de la casa y de su hermano. Algunas veces, Gloria llegaba muy tarde despu�s de un d�a intenso de trabajo y se encontraba con que la hija le hab�a preparado un plato de comida ?polenta, pastas? y unas notitas que dec�an: "Mam�, Oscar est� llorando", "Mam�, no encuentro mi l�piz". Julia anota esas cosas que quer�a decirle y no pod�a. En 2017 le propusieron tomar la escuela de La Sara: lo habl� con el marido y decidi� hacer la prueba. El d�a que se present� para aceptar el cargo hab�a otros nueve puestos disponibles en el pueblo, pero ella ya se hab�a comprometido y mantuvo su palabra. ?El primer d�a llov�a torrencialmente. Yo no sab�a qu� hacer. Ten�a que ir a la escuela y no sab�a c�mo llegar. No sab�a que se pod�a sacar el permiso de intransitabilidad. Me acompa�� mi marido. Fuimos en la moto, tardamos much�simo en llegar. Entr� en la escuela con los zapatos en la mano. Desde ese d�a hasta hoy llevo ocho a�os dejando la mitad de mi coraz�n en mi casa y poniendo la otra mitad en la educaci�n de mis ni�os. Gloria es hoy una de las caras de la campa�a de celebraci�n de la docencia organizada por Fundaci�n Varkey y es tambi�n candidata al "Global Teacher Prize" de la fundaci�n, que entrega un mill�n de d�lares.
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