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23 de marzo de 2022

HISTORIAS CHAQUEÑAS A 40 AÑOS DE MALVINAS

Eduardo Evaristo Mansilla: "Malvinas nos golpeó y nos sigue golpeando en el presente"
Estuvo combatiendo en Puerto Howard, bautizado por los argentinos Puerto Yapeyú.

Eduardo nació y sigue viviendo en Taco Pozo. Hizo hasta 5º grado de la escuela primaria y después se fue a Jujuy, a trabajar en el obraje. En 1981 se había incorporado al Servicio Militar Obligatorio en la Compañía A del regimiento de Paso de los Libres, Corrientes. Ese mismo año, la Junta Militar encabezada por el almirante Anaya, el teniente general Galtieri y el brigadier general Lami Dozo "Comenzó a encarar la aventura de llevar al país a una guerra", describió el historiador Juan Bautista Tata Yofre.

Al comenzar abril de 1982, Eduardo Mansilla ya estaba comenzando a soñar con la baja del Servicio Militar. Sin embargo, la guerra de Malvinas, de la cual el próximo 2 de abril se cumplirán 40 años, ya se había desatado. 

"El que ha hecho la colimba sabe que te preparaban para la guerra. Te preparaban para luchar y matar personas. Si vas a una guerra, hay personas del otro lado. Nosotros tuvimos instrucciones para matar sin tener idea de que después vendría la guerra de Malvinas", reflexiona Eduardo. En Paso de los Libres los entrenamientos de los soldados se hacían en el monte, con altas temperaturas. En Malvinas se encontró con otro escenario, frío, de campo abierto, con vientos, con piedras, un entorno que no conocía. "Algo del suelo árido tenía en mi registro, porque se parecía a la zona donde trabajaba en los desmontes de Jujuy. Pero el frío es otra cosa", observa.

Desde Taco Pozo a Resistencia hay casi 500 km. Para buscar trabajo, a sus habitantes les quedan más cerca Salta y Jujuy. Eduardo trabajó en el obraje antes y después de la guerra. También trabajó como empleado municipal en Taco Pozo, donde después de 23 años pidió el retiro voluntario. Hoy está jubilado y además recibe la pensión nacional de excombatiente.

Malvinas

En la colimba, Eduardo Mansilla era cargador de un lanzacohetes Instalaza. "El arma tenía la bala como una botella de sidra, eran grandes las balas. Estando en Malvinas, esta arma se utilizaba para tirar a los barcos o a los aviones ingleses. Además manejaba una pistola 11.45 y un FAP". El 2 de abril de 1982 todavía estaba en Paso de los Libres, aunque ya habían llegado para hacer la colimba los jóvenes de la clase 63. "Ese día hubo movimientos raros en la Compañía. Pensábamos que íbamos hacer el último ensayo, y sin embargo nos dieron la noticia de que estábamos en guerra. Nos dijeron que teníamos que viajar a Malvinas, nos dieron calzado y ropa de abrigo". 

—¿Dónde estuviste en Malvinas? 

—Mi compañía llegó a las islas el 23 o 24 de abril. Nos trasladaron a Puerto Howard, que después bautizamos Puerto Yapeyú. Ahí nos distribuyeron posiciones. En ese lugar había unas 50 casas de ingleses que criaban ovejas. Hicimos las posiciones y esperamos el combate ahí. 

Nosotros dormíamos en carpa. Los primeros días de mayo comenzaron los ataques de los ingleses. Yo estaba en la primera línea, frente al mar. Las primeras bombas cayeron cerca de los cañones que teníamos. Tiraban con precisión. Además, nos atacaban por aire. Tuvimos la suerte de voltear tres aviones de los ingleses. Después nos llegó la malaria, porque no teníamos nada para comer, se había acabado la leche, el mate cocido, el azúcar, el pan y cigarrillos. Había días que desayunábamos carne de gallina o cordero frío. 

—¿Qué fue lo más difícil que te tocó vivir en Malvinas? 

—Creo que el momento en que un compañero fue herido. Otro hecho, cuando a un camarada se le escapó un tiro y lastimó a otro en la rodilla. Cuando nos juntamos con los compañeros que estuvimos en Malvinas hablamos de esas cosas. Nos hace bien, porque revivimos cosas y preguntamos por fulano o mengano, siempre hay alguien que sabe algo de algún compañero. Cuando estamos todos juntos y alguien comenta que falleció algún compañero, se abre un silencio largo. Así te sigue golpeando la vida. Malvinas nos golpeó y nos sigue golpeando en el presente. 

—¿Cuando terminó la guerra estuviste prisionero, cómo te trataron? 

—El 14 de junio a la noche nos avisaron que había terminado la guerra. Nosotros estábamos cerca de Puerto Argentino y esa era la meta de los ingleses. Desde nuestro lugar veíamos cómo se iluminaba el cielo con las bombas que se tiraban. Estuvimos detenidos, pero los ingleses nos trataron muy bien. Siendo prisioneros, nos pudimos bañar con agua caliente, comíamos cada 12 horas, pero comíamos muy bien. 

—¿Cómo fue el regreso después de la rendición? 

—A nosotros nos trasladaron primero a Puerto Madryn, llegamos y nos trasladaron a un galpón. Yo mido 1,85, en la colimba pesaba 76 kilos. Cuando volví de Malvinas pesaba 54, para que tengas una idea lo que había perdido. Estando en Madryn no podía avisar a nadie en Taco Pozo de que iba a regresar, porque mis familiares no tenían teléfono. A mis hermanas, que vivían en Buenos Aires, tampoco les pude avisar nada, porque no tenía sus números.

Desde Madryn partimos a Trelew, y de ahí en avión a Buenos Aires, donde estuve una semana. Después nos trasladamos a Paso de los Libres y luego a Corrientes; ahí nos largaron. Yo no tenía plata para ir a Taco Pozo. Llegué a Corrientes y nos dejaron a la buena de Dios, estaba sin plata. Por suerte hacía dedo y la gente te alzaba, te preguntaba por Malvinas, y nosotros no queríamos contar mucho, por el miedo a los militares que nos habían dicho que no debíamos hablar de la guerra. Nos habían advertido de que nos podían meter presos, y ese temor estaba presente. Hice dedo para llegar cerca de Taco Pozo. Cuando llegué, la familia se puso contenta. 

—¿Cómo se viven estos 40 años de la guerra? 

—Aquí se vive especial, en torno a la Escuela 348. Nosotros no tenemos una sede de excombatientes, pero tenemos un espacio donde nos reconocen. La directora creó un grupo de Malvinas de Taco Pozo e impulsó de alguna manera el festejo para el 11 de junio, día en que fue herido de muerte un soldado de la localidad. Siempre es especial recordar estas cosas cada año.

Mirta Beatriz Mercado, directora de la Escuela 348, junto a excombatientes en uno de los homenajes realizados en la localidad.

"Los excombatientes son bibliotecas vivientes"

Mirta Beatriz Mercado es directora de la Escuela de Enseñanza Primaria 348 de Taco Pozo, que se constituyó en los últimos tiempos en una referente para los Malvineros de la localidad. "Los excombatientes son bibliotecas vivientes. Ellos están vivos y nos pueden narrar lo que sucedió en Malvinas. Es triste y escalofriante saber que desde acá fueron sin conocimiento y allá dieron todo. Se fueron con el sentimiento de ser argentinos, a defender las islas. Ese coraje, ese sentimiento por la patria, me pone la piel de gallina. Estas cosas me llevan a querer trabajar con ellos", explicó.

GENTILEZA DIARIO NORTE  EEP 348

Mercado lleva 26 años como docente. Fue vicedirectora de la institución y desde hace ocho años es directora. Desde entonces, comenzó a presentar proyectos para que los excombatientes de la localidad sean reconocidos. Además de presentar los proyectos educativos, presentó otros de dimensión comunitaria, relacionada con los héroes y veteranos de Malvinas. Uno de los proyectos era para que las calles de Taco Pozo llevaran sus nombres. 

"Lo presenté en el municipio y las calles ya llevan el nombre de 12 los veteranos de Malvinas. Otro fue para que todas las aulas llevaran el nombre de un excombatiente. Comencé a trabajar desde lo administrativo y desde lo pedagógico sobre estas cuestiones. Mi intención es que sean reconocidos y no queremos que mueran en el olvido", destacó. Además tiene planeado hacer un Museo de Malvinas, para el cual obtuvo el compromiso de excombatientes de varios puntos del país que se comprometieron a colaborar.

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