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28 de mayo de 2024

La primera piloto trans cuenta cómo es vivir en el clóset y por qué decidió salir: “Acepté que tenía que ser una mujer”

En una charla honesta en Realidades, la primera capitana transgénero de Argentina relata cómo es su vida hoy a un año del “vuelo de la dignidad”. Casada y con tres hijas, asegura: “El género es una etiqueta, la realidad absoluta es quien somos por dentro”

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Traniela Carle Camplieto:"Ya era una tortura, acepté que tenía que ser una mujer"

Hace un año, Traniela Carle Camplieto cambió la historia al convertirse en la primera piloto trans de la aviación argentina.

Con una vasta experiencia en el sector, inició su carrera hace 33 años. Los primeros años fueron en la aviación general y militar, y desde hace 25 años trabaja en la aviación comercial, de línea aérea.

Casada y con tres hijas, hoy se define orgullosamente una mujer transgénero, diversa y natural, respetando la biología original y el género adoptado.

Recuerda sus años en los que, en la intimidad, era una mujer, mientras que en la vida pública se desenvolvía como un hombre, y afima: “Se puede disfrutar estando en el clóset o puede ser una tortura”.

A Traniela se le agotó el tiempo de ser hombre, ojalá que a la sociedad se le agote el tiempo de los prejuicios.

Traniela:
Traniela: "Me había hecho una película de un montón de cosas negativas, sin embargo, eso nunca pasó".

—¿Quién es Traniela?

—Yo soy Traniela, soy la primera capitana transgénero de Latinoamérica, de Argentina y la primera en cruzar el océano Atlántico.

—¿Qué es transgénero?

—Una mujer transgénero es una mujer que se acepta a sí misma como tal y, a partir de ahí, puede iniciar una o varias de las tres posibles transiciones: la registral, la transición hormonal y la transición quirúrgica.

—¿En tu caso que transición realizaste?

— La transición registral es el cambio de documentación. Siendo un hombre CIS, como lo era yo, y aceptándome como mujer, decidí hacer la transición registral, que implica cambiar la documentación para reflejar mi identidad de género femenina.

— ¿Cuándo decidís hacer eso?

— Eso lo decido un año antes, dije “bueno, primero le voy a decir a mi mujer”, porque estoy casada con una mujer CIS género, después le digo a mis hijas y después aviso en el trabajo. Una vez que tuve el cambio registral en la partida de nacimiento, lo conté en el trabajo a través de un correo oficial a la compañía, les dije que a partir de tal fecha tenía la partida de nacimiento de mujer e iba a empezar a trabajar como mujer.

—¿Cuándo decidiste hacer ese plan y comentárselo a tu familia? ¿En qué momento de tu intimidad dijiste “lo tengo que hacer”? ¿Cómo fue ese proceso interno? ¿Te acordás?

— Sí. Primero vivía una experiencia que es ser una mujer bigénero, es decir, por momentos era mujer y por momentos era hombre, lo vivía con total felicidad, no tenía ningún problema de ser una o la otra. En la intimidad era una mujer, pero para ir a trabajar o para desenvolverme en la vida pública, era un hombre.

—¿Tu familia sabía eso?

—No, no lo sabían. Primero se enteraron de que yo tenía esta dualidad de género y a partir de ese momento empecé a elaborar un plan para poder salir del todo. Eso sucedió una vez en la ciudad de Nueva York, cuando yo estaba de posta. La posta es el tiempo que permanecemos los tripulantes esperando para volver. Hicimos el vuelo de ida, permanecí dos días en Nueva York y después tuve que hacer el vuelo de regreso. En esa posta, yo dije “estoy cansada de ser un hombre y quiero ser por completo una mujer”.

Traniela
Traniela junto a sus compañeros de tripulación. Actualmente es capitana de un A330.

—¿Qué te cansaba de ser un hombre?

— Se agotó el tiempo de ser hombre. Había cumplido con todo y a partir de ahí dije “tengo ganas de visibilizarme como mujer, ayudar al colectivo, ayudar a las minorías y empezar a disfrutar de ser una mujer”, porque yo ya sabía cómo era, entonces dije “ahora quiero trasladar esta felicidad que me da a mí en lo privado a la vida pública”.

—Volviste de ese vuelo de Nueva York, ¿y qué pasó?

— Volví de ese vuelo de Nueva York y empecé el plan para salir, dije “bueno, tengo que comprarme ropa adecuada para salir“, porque mi ropa no era la adecuada. Tuve que avisarle a mi familia, avisarles a mis compañeros, a mis amigos, todo eso me llevó un año.

—¿Qué era lo más difícil de realizar o armar del plan?

—No es que era difícil. Empecé a tener miedo, miedo de perder la familia, perder la relación con mis hijas, perder el trabajo, era una posibilidad. Tenía miedo de que no me dejaran ingresar a los Estados Unidos, que me dijeran “no, tu documento dice una cosa y vos parecés otra”. Me había hecho una película de un montón de cosas negativas, sin embargo, eso nunca pasó.

—¿Cuándo y cómo se lo contaste a tu familia?

— Se lo conté a mi esposa, ella fue la primera persona que se enteró de todas.

—¿Cómo se lo contás?

—Bueno, ese día le dije “te tengo que contar algo”, y se asombró. Entonces, le conté que, en mi intimidad, yo me vestía de mujer y le mostré fotos. No es que le super agradó, pero le empezó a gustar. Digamos que lo aceptó. A partir de ahí, dije “ahora me tengo que lavar la ropa”, ya que tenía la ropa toda en un bollito y escondida. Lavé la ropa y pude empezar a vestirme de mujer con dignidad, le di dignidad a Traniela. Alguien que estaba en lo oscuro, en la oscuridad, en lo oculto.

—Cuando lo contaste finalmente, ¿qué sentiste? ¿Cómo fue?

—Sentí un gran alivio, más allá de que existía la posibilidad de perder el matrimonio, de perder la relación que tenía con mi esposa.

—¿Y tus hijas?

—Después les conté a mis hijas.

Seleccioné cómo y a quién contarle de acuerdo con lo que iba sintiendo. Primero le conté a una de mis hijas, pensando que ella lo aceptaría un poco mejor o le daría una importancia más natural. Ella me dijo: “Gracias por contarme”. Obviamente, le chocó porque no es algo fácil, pero me agradeció que se lo hubiera contado. Después se lo conté a mi otra hija, a quien pensaba que le costaría más aceptar, pero también lo aceptó muy bien. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando uno está por salir del clóset, siente un montón de prejuicios sobre las demás personas. Sin embargo, esas personas pueden no tener problema en que uno sea transgénero o tenga una orientación sexual diferente a la que los demás piensan. Simplemente, se va dando con naturalidad.

Traniela:
Traniela: "Cuando uno está por salir del clóset, siente un montón de prejuicios sobre las demás personas."

— Mencionaste clóset, ¿cómo es vivir adentro del clóset?

— Eso es un poco relativo, ¿por qué te digo relativo? Porque puede modificarse a lo largo del tiempo, se puede disfrutar o puede ser una tortura.

—¿En tu caso?

— En mi caso, yo lo disfrutaba hasta que llegó un día que no lo disfruté más y ahí es cuando acepté que yo tenía que ser una mujer en la vida pública.

—¿Qué era lo que no disfrutabas más?

—La dignidad que no tenía Traniela. La dignidad que no tenía la mujer que yo era.

—Y ahora afuera del clóset, ¿la descubriste?

— Sí, descubrí un montón de cosas. Descubrí que puedo ser feliz, que soy más feliz que siendo un hombre. En la última parte, en la parte final de mi género masculino, ya no era tan feliz porque estaba ganando esa identidad femenina.

“Se puede disfrutar estando en el clóset o puede ser una tortura”

— Cuando se lo contaste a tu esposa y a tus hijas, lo aceptaron. Pero ¿cómo sigue el entorno? ¿Cómo hizo Traniela con el resto de la sociedad?

— Bueno, le cuento a mi mujer, le cuento a mis hijas y le cuento a mi mamá. A mi mamá primero le chocó, me dijo “no vengas vestido de mina”. Fue muy gracioso porque yo también medio que acompañé a las demás personas a tratar de adaptarse, hasta que finalmente dije “mirá, te voy a pasar a buscar, ya estoy vestida de mi género y vamos a dar una vuelta sin entrar en el edificio”, porque el problema de ella era que yo entrara y las vecinas le dijeran “¿qué pasó con tu hijo Daniel?,¿qué está pasando?”. Los cuestionamientos de los vecinos. Entonces ella bajó, fuimos a dar una vuelta en la camioneta y ahí ella se dio cuenta de que yo era la misma persona, hablaba igual que antes, me conducía de la misma forma, nada más que tenía un atuendo correspondiente al género que yo quería ser. Y después de ese encuentro, al próximo fin de semana, me dijo “bueno, vení como quieras, pero vení a mi casa, como antes”, entonces yo empecé a ir ya como Traniela.

—¿Cuándo realmente te sentiste liberada de la mirada ajena?

— Eso fue con el tiempo. Al principio, me sentía muy observada, no me preocupaba, no me hacía mal, no me angustiaba, pero tenía como una confrontación, como que confrontaba un poco con las personas, hasta que dije “bueno, que piensen lo que quieran y ya está”. Al principio, pasó casi un año desde que le conté a mi familia hasta que salí a la calle como Traniela. Durante ese año, estuve preparando todo para salir, desde la ropa hasta cómo quería presentarme, qué tipo de mujer quería ser y cómo quería desenvolverme en la sociedad. No fue algo repentino; lo planifiqué cuidadosamente, considerando cómo sería esa persona, dándole vida a Traniela. Aunque seguía siendo la misma persona, entendía que el impacto que tendría en la sociedad sería diferente.

—¿Qué fue lo que más te costó o lo más difícil de armar de Traniela?

— Nada. En realidad, es una construcción. Uno va poniendo un ladrillo sobre otro hasta que hace un muro y después hace una casa con el techo y todo, esto es lo mismo. Primero, ladrillo por ladrillo, sin que se caiga, hasta que después aparece todo.

—¿Cuál fue el ladrillo que más te costó colocar?

—Bueno, quizás las expectativas, esperé cosas y recibí otras. Por ejemplo, amigos que se distanciaron y después volvieron, con el tiempo, eso por ahí choca y duele un poco, la falta de comprensión. Pero lo demás no, no me pasó nada en el trabajo, tuve una aceptación muy buena, y en la familia y en las amistades también.

— En el trabajo eras Daniel y un día te presentaste como Traniela, ¿cómo fue?

— Ya con la partida de nacimiento, el DNI y el pasaporte, mandé un correo electrónico diciendo: “A partir de ahora soy una mujer transgénero y me voy a desempeñar como mujer. Mi nombre es tal”.

—¿Vos no habías hablado con nadie antes?

— No.

— Mandaste el mail, ¿y?

—Y esperé. No hubo respuesta por unas horas hasta que me escribieron un mail muy bueno que aún conservo. Allí, mi jefe me decía “cualquier cosa que necesites, contá con nosotros”. Después, la parte de género de la compañía y mi gremio también se ofrecieron a ayudarme en todo lo que podían. Además, me invitaron a participar en la secretaría de género del gremio y de la compañía, así que ayudé y acompañé a otras personas de diversas identidades de género.

—¿Y el día de subirte al avión como Traniela?

— Bueno, todo eso ocurrió durante un período de vacaciones que para nosotros dura 35 días. Al finalizar ese período, tenía programado un primer vuelo a Iguazú, seguido de un vuelo a Miami. Por lo tanto, necesitaba tener toda la documentación lista, especialmente para el vuelo a Miami, ya que requería la visa de Estados Unidos para ingresar. Todo debía estar con mi nombre nuevo, sin contradicciones en los nombres. Llegó el día en que tenía toda esa documentación lista, y realicé el vuelo. En el primer vuelo, toda la tripulación ya me estaba esperando, ya que sabían quién era yo, dado que en una página web se publica el rol de toda la tripulación, junto con las funciones de cada uno.

— ¿Cómo es manejar un avión?

— Manejar un avión es lo más lindo que te puede pasar en la vida. Es algo que yo siempre desee desde muy chica. Ya en la primaria tenía la vocación de volar, entonces mis padres me anotaron en una escuela técnica aeronáutica, el Instituto Nacional de Aviación Civil, que todavía sigue estando, en la ex VII Brigada, hoy es el BAM Morón. A partir de ahí, empecé a tener contacto con los aviones. Alrededor de los 15 años, ya sentía que quería ser piloto, entonces primero lo conversé con mi familia y me dijeron “fijate, no sé si vamos a poder”. Pero cuando tenía 17 me llevaron a la Escuela de Planeadores que está ubicada en Cañuelas, en el aeródromo de Cañuelas, que es un aeródromo público, y ahí hice mi vuelo de bautismo en planeador. Al cumplir 18 años, comencé a volar en avión después de obtener la licencia de piloto de planeadores. Fue entonces cuando inicié mi carrera como piloto de aviones. También debo mencionar que conseguí un buen trabajo apenas terminé la secundaria, lo que me permitió pagar las horas de vuelo iniciales con ese sueldo. Además, recibí ayuda de mi familia. Posteriormente, ingresé al Ejército argentino como piloto a los casi 21 años. A partir de entonces, empecé a volar aviones militares, completé una instrucción militar de seis meses y me gradué como subteniente. Luego, comencé a pilotar aviones del Ejército, transportando tropas y personal militar. Más tarde, recibí una gran oportunidad cuando hubo un llamado de Aerolíneas Argentinas. A los 23 años, rendí el examen de ingreso y aprobé. A los 24 años, comencé a volar para Aerolíneas Argentinas. Fue una carrera meteórica.

Traniela:
Traniela: "Manejar un avión es lo más lindo que te puede pasar en la vida."

— Hablando de vuelos, ¿cómo sobrevuela el tema de los prejuicios en general hoy?

— Bueno, la sociedad argentina y latinoamericana es un poco prejuiciosa respecto a las identidades trans y a las diversidades en general. Tenemos un poco de prejuicio todavía, pero de a poco se va deconstruyendo. La visibilización de las identidades es un buen aporte para que esto se deconstruya y se desnaturalice.

—¿Tuviste algún problema con algún pasajero?

— Mi vínculo con los pasajeros es magnífico, todos los días, todos los vuelos. Recibo gente que tiene ganas de saludarme, sacarse fotos conmigo. Hay gente que solamente me quiere dar un abrazo, eso es muy emocionante. Al aterrizar, antes de bajarnos, me dicen ”tenés una fila de pasajeras y pasajeros que se quieren sacar una foto con vos y algunos te quieren dar un abrazo”…

— Te emocionás al contarlo

— Sí, me emociona un poco.

— ¿Por qué te emociona?

— Porque es como un recibimiento a esta identidad, pero creo que no solo transmite algo bueno para las personas trans, sino que también transmite fuerza a la gente en general para salir de sus clósets, de sus roperos, como digo yo; de poder hacer un esfuerzo para modificar su vida, de cumplir con sus sueños, con lo que tanto quieren.

“Mi vínculo con los pasajeros es magnífico; hay gente que solamente me quiere dar un abrazo, eso es muy emocionante”.

— ¿Ya está cumplido tu sueño o falta algo más? ¿En qué proceso estás vos de tu transición?

— Como siempre digo, dentro de la mujer trans existe la mujer transgénero, que es una mujer que está viajando en su identidad, está viajando en sus transiciones, que puede cumplimentarlas todas o no, depende de cómo se va sintiendo. Estancarse en algún momento o estacionarse en alguna transición y estar conforme, y a los dos años seguir adelante con más transiciones. De eso se trata ser una mujer transgénero. Y yo estoy muy conforme. Me voy a hacer algunas operaciones, alguna transición quirúrgica en el rostro y nada más. Ya cambié mi nombre, la transición registral la cumplimenté toda y la transición hormonal está en proceso.

—¿Y cómo es ese proceso?

— Bueno, hay que recurrir a un médico. A un especialista en género y diversidad para que nos recomiende qué hormona tomar de acuerdo con la edad, porque hay distintos productos. Por ejemplo, a partir de los 40 hay que ponerse gel y no tantos comprimidos, es esperar un poco a que haga efecto.

— ¿Esos procesos son muy costosos? ¿Hay tratamientos gratis?

— En realidad, es gratis porque está previsto en la Ley de Identidad de Género. Esto significa que todo lo que necesites para estar conforme con tu identidad debe ser gratis, provisto por el Estado, en un hospital público, o por las Obras Sociales y las prepagas, en una institución privada.

Traniela:
Traniela: "Me había hecho una película de un montón de cosas negativas, sin embargo, eso nunca pasó."

— No hablamos de tu papá…

— Mi papá falleció hace seis años.

—¿No conoció a Traniela?

— No, nunca supo, pero seguramente ya lo sabe.

— ¿Y cómo pensás que te vería hoy papá?

— Le hubiera chocado, hubiera necesitado un proceso, pero me hubiera aceptado muy bien.

— Y como papá o mamá, ¿cómo sos?

— Yo no soy mamá. Yo sigo siendo… una padre, como digo yo.

Lo que pasa conmigo es que yo siempre fui padre, entonces, el padre o la padre, como digo yo, no tiene género, es una posición social dentro de un vínculo con sus hijos. Es un sentimiento parental, por lo tanto, no puedo cambiarme yo y decir “ahora soy mamá de golpe”…

—¿Cómo sos como papá?

— ¿Cómo soy como papá?, el mismo que antes o la misma que antes, nada más que ahora soy “la” y antes era “él”.

La imagen paternal es la misma, cambió el atuendo nada más, pero la presencia en la casa es la misma que antes, no es que cambió.

— ¿Y tus hijas cómo te dicen? ¿Te dicen “Traniela” o te dicen “papá”?

— Me siguen diciendo papá, y yo lo acepto con mucho cariño.

Traniela:
Traniela: "Fui preparando a Traniela para salir a la calle, darle vida a esa persona. Aunque seguía siendo la misma, entendía que el impacto que tendría en la sociedad sería diferente."

“Yo no soy mamá. Yo sigo siendo... una padre<b>”</b>

—¿Cómo te manejás con las palabras, con los pronombres? Porque a veces la gente no sabe cómo expresarse. ¿Cómo hay que hablarles?

— En realidad, hay que preguntarle a la persona: “¿Cómo te gustaría que te llamen?”. Sobre todo, cuando hay dudas o algo en su identidad que no es habitual. Eso es lo primero.

Hay que llamar a las personas por cómo se identifican, no por lo que piensa quien observa. Entonces, si me preguntan “¿cómo te gustaría que te llamen?”. Bueno, yo soy Traniela y mi pronombre es “ella”.

Si te equivocás, no pasa absolutamente nada. Ahora, si lo hacés a propósito para molestarme de alguna manera…

—¿Vos te das cuenta cuando te lo hacen a propósito?

— Sí, sí, te das cuenta. Porque enseguida la persona se retracta, te dicen “uy, perdoname, sos ella”, entonces, le digo “no te hagas problema si se te escapa, no hay problema”. Ahora, cuando te dicen de “él” a propósito, eso puede llegar a ser una discriminación.

—¿Te pasó alguna vez?

— Sí, me pasa en las redes.

— ¿Cómo te manejás con las redes?

— Mi relación con lo virtual es un poco explosiva…

— ¿Sos brava en las redes?

— Era, pero ahora ya como que “bueno, decí lo que quieras, ya no me importa”. Al principio, confrontaba un poco en las redes. Te aclaro que en la calle nunca tuve un problema, la gente siempre me trató de mujer, sobre todo en Argentina, en otros países a veces me preguntan, pero por respeto, esto de preguntar, “¿cómo querés que te diga?”. En el primer mundo, en los países desarrollados, donde este tema lleva mucho tiempo siendo discutido, te preguntan: “¿Cómo preferís que te diga?”. Porque podría ser que prefiera “él”, que siga siendo “él”. Hay muchos casos en los que se prefiere “él”, e incluso hay personas no binarias. Sin embargo, ese tema merece su propia conversación.

— ¿Qué aprendiste de tu gran decisión de vida, de ser Traniela?

— Aprendí mucho de mí misma, de lo que me pasó y de la respuesta que tengo de las personas. Aprendí que el género es algo fluido, es una realidad abstracta y es una etiqueta, que a mí me gusta esa y a vos te puede gustar otra y a otra persona le puede gustar otra, es una etiqueta. Pero la realidad absoluta es quiénes somos por dentro, que eso no va a cambiar nunca.

— ¿Hay algo que querés que sepamos de Traniela? ¿Qué hobbies tenés? ¿Cómo te manejas con tu imagen?

— Bueno, eso ya era de Daniel, fui un hombre fisicoculturista. Daniel era un hombre fisicoculturista que participó en cuatro campeonatos en la provincia de Buenos Aires y en Capital, y de ahí se desprende Traniela, de ese cuidado, de ese trabajo del cuerpo y de la mente también, porque la mente tiene que estar preparada para trabajar todo ese cuerpo, es una disciplina muy grande y, a partir de ahí, se desarrolla Traniela.

Traniela,
Traniela, antes de su trasformación, cuando era Daniel, en plena competencia de fisicoculturismo.

— ¿Cómo es tu rutina, tu dieta?

— Traniela practica el ayuno intermitente. Entre las 9 y las 13 horas, desayuno durante ese lapso, consumo entre 1.500 y 1.800 calorías. Luego, no como más hasta el día siguiente. Lo que ingiero es abundante y se basa principalmente en proteínas y carbohidratos naturales, como arroz, avena y café.

Aprovecho para contar que también estoy trabajando para todas aquellas personas que tienen curiosidad por la aviación, que tienen miedo, fobia y ayudar a los pasajeros a que disfruten del vuelo. Todos los jueves doy un programa, desde mis redes, en donde hablo de los distintos motivos que pueden causar miedo, cómo afrontar una turbulencia, qué es una turbulencia y demás ruidos que hace el avión en movimiento que pueden ser incómodos para el pasajero.

— ¿Cuál fue la mayor turbulencia de tu vida?

— Y quizás esta, no sé. Para mí la vida es un desafío desde muy chica, entonces disfruto un poco cuando hay turbulencia.

— ¿Cómo está hoy el universo de las diversidades en Argentina?

— Está saliendo del clóset.

— ¿Falta mucho todavía?

— Sí, porque el argentino, la argentina, necesita salir de toda esa máscara estereotipada que tiene en todo aspecto, no solamente en el aspecto social de las diversidades, sino en todo aspecto. Yo que veo distintas sociedades en el mundo, estamos agarrados del “qué dirán” y de los relatos. Copiamos cosas que nos dicen y las repetimos y por ahí estamos repitiendo algo que es una mentira o algo muy viejo. Entonces, lo seguimos repitiendo como loros y lo trasladamos a las amistades, a los grupos sociales y en realidad no, no hay que pensar en todo eso, hay que decir “¿vos cómo te sentís?”, “yo me siento así”, esa es tu única verdad, cómo te sentís vos y yo que te veo de afuera tengo que respetar tu sentimiento.

Traniela:
Traniela: "Por momentos era mujer y por momentos era hombre; lo vivía con total felicidad"

— Si pudieras escribir algo en el cielo, ¿qué sería?

— Lo primero que se me ocurre es “Traniela”, que significa un desafío.

Mirá la entrevista completa:

Realidades - Traniela

* Realidades es un programa de entrevistas que intenta visibilizar problemáticas que comúnmente se ocultan por miedo al rechazo, vergüenza y prejuicios, contadas por sus propios protagonistas. Escribimos y contamos tu historia a: [email protected]

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